Mi primer PC
Hacia mediados de la década de los noventa compré mi primer PC, pensado principalmente para que mis hijos pudieran utilizarlo y familiarizarse con aquella nueva herramienta que empezaba a ocupar un lugar cada vez más importante en nuestra vida cotidiana.
Pronto comprendí que, para aprovechar realmente las posibilidades del ordenador, era fundamental saber manejar bien el teclado. Por eso decidí que mis hijos asistieran a un curso de mecanografía en una academia que había cerca de nuestra casa. En aquellos años todavía no podía imaginar hasta qué punto aquella habilidad les resultaría útil en el futuro. Con el paso del tiempo, he comprobado que saber escribir con soltura en un teclado ha sido una herramienta fundamental para su formación y para su desarrollo profesional.
Aquel primer ordenador supuso, por tanto, mucho más que la incorporación de un aparato nuevo a nuestro hogar. Fue el comienzo de una relación con la informática que iría creciendo con los años y que, poco a poco, nos conduciría hacia un mundo que entonces apenas empezábamos a vislumbrar.
El recuerdo de Encarta
Entre los recuerdos más especiales de aquella primera etapa con el ordenador ocupa un lugar destacado la Enciclopedia Encarta. Llegó a formar parte de nuestra vida familiar precisamente en aquellos años en los que el ordenador comenzaba a abrirnos las puertas de un mundo nuevo.
Fui usuario de Encarta y recuerdo especialmente cómo mis hijos, que entonces eran estudiantes, recurrían a ella para realizar sus trabajos escolares, pero también, y quizá esto sea lo más interesante, para satisfacer su curiosidad y descubrir cosas nuevas. Aquellos discos que contenían textos, fotografías, mapas, sonidos y vídeos nos parecían casi mágicos. Podíamos buscar información sobre historia, ciencia, geografía, personajes o cualquier otro tema y encontrarla en nuestro propio ordenador, sin necesidad de estar conectados a Internet.
Hoy puede resultar difícil transmitir la impresión que producía aquella posibilidad. Acostumbrados como estamos a disponer de una cantidad prácticamente ilimitada de información al alcance de un clic, tendemos a olvidar que hubo un tiempo en el que consultar una enciclopedia digital representaba ya un cambio extraordinario respecto a las enciclopedias tradicionales en papel.
Para nuestra familia, Encarta fue uno de los primeros pasos hacia una nueva manera de acceder al conocimiento. El ordenador dejó de ser únicamente una máquina para escribir o trabajar y empezó a convertirse también en una ventana abierta al conocimiento y al aprendizaje.
Un poco de contexto
Microsoft Encarta fue una enciclopedia multimedia digital publicada por Microsoft entre 1993 y 2009. Durante esos años tuvo una amplia difusión y se comercializó en distintos idiomas, entre ellos el inglés, alemán, francés y español. Su contenido se distribuía principalmente en CD-ROM y, posteriormente, en DVD-ROM.
Las ediciones más completas llegaron a reunir decenas de miles de artículos, acompañados de fotografías, ilustraciones, mapas, grabaciones de sonido, vídeos y otros recursos multimedia. La edición Encarta Premium en inglés de 2008, por ejemplo, contenía más de 62.000 artículos, mientras que la edición en español contaba con unos 43.000.
Encarta dejó de publicarse en 2009, en un momento en el que Internet ya estaba transformando radicalmente la forma de acceder a la información y Wikipedia se había convertido en una alternativa de consulta cada vez más extendida.
Cuando recuerdo aquella época, no pienso solamente en una enciclopedia que utilizábamos en casa. Pienso en uno de los primeros momentos en los que pude comprobar personalmente cómo la informática estaba cambiando nuestra relación con el conocimiento. Aquel ordenador y aquellos discos de Encarta fueron, para mí y para mi familia, una pequeña puerta de entrada al enorme mundo digital que estaba a punto de desarrollarse.

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