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sábado, 3 de octubre de 2026

PERIÓDICOS DIGITALES

 

Periódicos digitales y la revolución internauta

Cuando descubrí Internet ya había cumplido los cincuenta años. Mi edad, lejos de ser un impedimento, no me impidió sentirme fascinado por las enormes posibilidades que ofrecía aquella nueva tecnología como medio de comunicación y como fuente de información.

Mi formación informática fue esencialmente autodidacta. Aprendí experimentando, leyendo, preguntando y, sobre todo, intentando hacer por mí mismo aquello que necesitaba. Una de mis primeras experiencias de comunicación en la red fue la creación de la lista de distribución Aprendiendo. Posteriormente, en 2003, creé mi blog Utopía Siglo XXI, que se convirtió durante muchos años en uno de los principales espacios donde publiqué y compartí mis reflexiones.

Por aquellos años estaban apareciendo numerosos periódicos y medios digitales. Era una época de gran experimentación: surgían nuevas cabeceras, algunas alcanzaban cierta notoriedad y otras desaparecían al poco tiempo. Yo enviaba muchos de mis artículos a aquellos medios y tuve la satisfacción de comprobar que una buena parte de ellos eran aceptados y publicados.

Con el paso de los años, fui adquiriendo cierta notoriedad en Internet como internauta y divulgador. Algunas de aquellas primeras publicaciones digitales desaparecieron, mientras que otras consiguieron consolidarse. Entre los medios que han perdurado cabe mencionar El Confidencial, nacido en 2001, y, posteriormente, elDiario.es, fundado en 2012.

Pero lo que más me interesa recuperar ahora no son tanto los nombres de aquellas primeras publicaciones como las ideas que yo mismo comenzaba a desarrollar sobre las posibilidades que Internet ofrecía para transformar la sociedad.

El 1 de enero de 2007 publiqué un artículo titulado «2006: El año de los internautas», en el que intentaba analizar algunos de los cambios que, a mi juicio, estaba provocando la expansión de Internet y, especialmente, el fenómeno que comenzaba a conocerse como Web 2.0.

Visto desde la perspectiva actual, aquel artículo resulta interesante porque algunas de las previsiones que entonces formulaba acabarían convirtiéndose en realidades cotidianas. Por eso considero que merece la pena reproducirlo aquí prácticamente tal como lo escribí en aquel momento. De esta manera, el lector puede conocer no solamente lo que finalmente ocurrió, sino también cómo veía yo el futuro de Internet cuando apenas estábamos comenzando a descubrir sus posibilidades.

2006: El año de los internautas

Hola, amigas y amigos:

Este año que acaba de concluir ha supuesto el reconocimiento general del potencial activo que poseemos los internautas en la sociedad. Quizás esto se deba, en buena medida, a que la revista Time ha decidido proclamar como «Personaje del Año» a los usuarios de Internet de todo el mundo y, especialmente, a quienes formamos parte de esto que ha comenzado a llamarse la Web 2.0.

Hacía ya muchos años que preveía que algo grande se iba a fraguar cuando el acceso a la red se popularizase y la gente comenzara a sacar partido de las enormes posibilidades que ofrece para todo tipo de actividades. A continuación, comparto algunas reflexiones sobre los ámbitos donde este avance me parecía ya imparable.

Durante mucho tiempo se debatió en la sociedad capitalista sobre el papel dañino de los intermediarios, acusados de encarecer los productos e interferir en la relación directa entre el consumidor y el productor. Internet iba a provocar en los años siguientes una auténtica revolución en este campo: seríamos muchos los consumidores que nos relacionaríamos directamente con los productores, evitando pasos intermedios y consiguiendo con ello mejores precios, mayor autonomía y acceso directo a bienes y servicios.

Un ejemplo muy claro de esta transformación lo constituían las agencias de viajes y el incierto futuro que se les presentaba. Hasta hacía bien poco, para comprar un billete de AVE o de avión, alquilar un coche o reservar un hotel, no nos quedaba más remedio que acudir presencialmente a una agencia. Aquello implicaba adaptarnos a su horario comercial, hacer colas y, en ocasiones, depender de la pericia de un agente poco eficiente. Con Internet, todo aquello estaba empezando a cambiar.

El año anterior había tenido la oportunidad de realizar varios viajes por España y Francia y había conseguido resolver la planificación completa desde el ordenador de mi casa, a la hora que yo quería y comparando multitud de ofertas hasta encontrar las mejores condiciones económicas y de servicio.

Todas estas gestiones me resultaron francamente sencillas una vez que comprendí la dinámica de navegación y los códigos de acceso de las páginas web que visitaba. La estrategia que utilicé fue muy simple: cuando acudía a una agencia, observaba cómo la persona encargada introducía los datos en su pantalla junto a una serie de códigos de gestión. Pensé: «Si yo conociera esos códigos, podría hacer exactamente lo mismo desde mi casa».

Dicho y hecho. Con la ayuda y las explicaciones de mis hijos aprendí el procedimiento y pronto estuve en condiciones de realizar de forma autónoma cualquier gestión turística habitual.

Visto desde la perspectiva actual, aquella experiencia fue para mí mucho más que una simple comodidad. Fue una demostración práctica de que Internet podía permitir a cualquier persona realizar por sí misma tareas que hasta entonces estaban reservadas a profesionales o intermediarios.

Cabe preguntarse, por tanto, qué porvenir les aguardaba a las agencias de viajes tradicionales. Y este era solamente un ejemplo entre muchos: existían infinidad de sectores en los que el intermediario podía llegar a ser prescindible.

Recordaba aquellos días una frase de Alvin Toffler en la que señalaba que el futuro pertenecería a aquellas personas con habilidad para hacer las cosas por sí mismas, pues el coste de la intermediación acabaría siendo demasiado elevado. El tiempo le estaba dando la razón.