Hackers y ciberataques
A los internautas nos ha ocurrido algo muy habitual: a medida que se extendía el uso masivo de Internet, han ido apareciendo palabras nuevas que antes no formaban parte de nuestro vocabulario. Dos de ellas fueron hacker y ciberataque.
Sus consecuencias afectan sobre todo a las grandes empresas y a los organismos públicos, que son un objetivo muy atractivo por el negocio que puede obtenerse de un ciberataque exitoso. Con frecuencia, la solución consiste en pagar una cantidad importante de dinero para recuperar el funcionamiento del sistema informático que ha sido hackeado.
Una experiencia personal
Yo mismo sufrí hace un par de años las consecuencias de un ciberataque contra el sistema informático del Ayuntamiento de Sevilla. Me habían admitido en uno de los talleres de actividad física dirigida para personas mayores, y el ataque impidió que las actividades comenzaran en la fecha prevista. Tuvimos que esperar un par de meses hasta que la web municipal volvió a estar operativa.
Hay ciberataques muy mediáticos, como los que afectan a grandes empresas y terminan con el robo de los datos de sus clientes. Otros pasan casi desapercibidos, pero sus efectos en la vida cotidiana de las personas son igualmente reales.
¿Qué es un hacker?
Conviene aclarar un malentendido. La palabra hacker nació en los años sesenta en el ámbito universitario, en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), y designaba a los programadores más ingeniosos, apasionados por entender cómo funcionaban las máquinas y por llevarlas más allá de lo previsto. No tenía, en origen, un sentido negativo.
Con el tiempo se distinguieron varias clases:
Hackers de sombrero blanco: especialistas en seguridad que buscan fallos para corregirlos, a menudo contratados por las propias empresas.
Hackers de sombrero negro: los que atacan sistemas con fines delictivos. A veces se les llama crackers.
Hackers de sombrero gris: los que se mueven en un terreno intermedio, entrando en sistemas sin permiso pero sin un fin claramente criminal.
Breve historia de los ataques
Años setenta: surgen los phreakers, que manipulaban las líneas telefónicas para llamar gratis. El más famoso fue John Draper, apodado “Captain Crunch”.
1983: la película Juegos de guerra populariza la imagen del joven que entra en ordenadores ajenos desde su habitación.
1988: el gusano Morris, creado por un estudiante, infecta una parte importante de las máquinas conectadas a la red de entonces y es considerado el primer gran incidente de Internet.
Años noventa: aparecen figuras como Kevin Mitnick, uno de los hackers más perseguidos de Estados Unidos.
Año 2000: un adolescente que se hacía llamar “Mafiaboy” bloquea mediante ataques de denegación de servicio webs tan importantes como Yahoo, eBay o Amazon.
2007: Estonia sufre ataques masivos que paralizan servicios públicos y bancarios, un anticipo de lo que hoy se llama ciberguerra.
2017: el ransomware WannaCry afecta a cientos de miles de ordenadores en más de 150 países; en España fue noticia, entre otras, la empresa Telefónica.
2021: un ataque de ransomware al Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) pone de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros organismos públicos.
Los ataques más comunes
Phishing: mensajes fraudulentos, normalmente por correo, que imitan a bancos u organismos para que facilitemos nuestras claves.
Ransomware: el atacante cifra los datos de la víctima y exige un rescate para devolverlos.
Denegación de servicio (DDoS): se satura un servidor con millones de peticiones hasta que deja de funcionar.
Robo de datos: la sustracción de información personal o de clientes, que luego se vende o se utiliza para estafas.
Por qué importa
Hoy casi todo depende de sistemas informáticos: la sanidad, la administración, los bancos, el transporte. Por eso un ciberataque ya no es solo un problema técnico, sino algo que puede alterar la vida de cualquier ciudadano, como me ocurrió a mí.
Consejos básicos
Usar contraseñas distintas y robustas, y activar la verificación en dos pasos.
Desconfiar de enlaces y archivos adjuntos inesperados.
Mantener actualizados el sistema y las aplicaciones.
Hacer copias de seguridad de lo importante.

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