miércoles, 7 de octubre de 2026

Viajeros

 

Una de las características más comunes que compartíamos los blogueros pioneros era el gusto por publicar crónicas de los viajes que realizábamos por España y por el extranjero, ofreciendo siempre nuestro relato personal. Durante los cuatro años en los que estuve activo en mi blog Utopía Siglo XXI, hice varios viajes de turismo y de todos ellos dejé constancia en sus correspondientes entradas.

Para este capítulo de Memorias de un internauta, he recuperado la crónica de un viaje que hice a París en 2006, la cual me sirve de cauce para rememorar una visita anterior a la capital francesa en 1973 por motivos estrictamente profesionales.

Quiero dedicar de forma especial esta entrega a todos aquellos blogueros que ponían tanto empeño e ilusión en compartir sus crónicas viajeras con la comunidad.

Crónica de un viaje a París (2006)

Hola, amigas y amigos:

He pasado el fin de semana en París con mi mujer para visitar a nuestro hijo mayor, quien vive allí con su esposa desde hace poco tiempo. Tengo muchísimas cosas que contar sobre la ciudad, así que iré compartiéndolas poco a poco en varios aportes, pues siempre me ha gustado mucho redactar relatos de viaje.

Debo deciros que la primera vez que visité París fue en 1973. Aquel viaje supuso para mí un impacto tremendo por la cantidad de novedades y vivencias que pude constatar.

Por aquel entonces, yo trabajaba en Manresa (provincia de Barcelona). Hacía apenas unos meses que había comenzado mi primer empleo como Ingeniero Técnico en la oficina técnica de producción de una empresa dedicada a la fabricación de maquinaria industrial, especialmente textil.

La empresa compró en París dos máquinas herramientas controladas por ordenador, es decir, mediante Control Numérico. El director decidió que otro compañero joven y yo nos formáramos para ser los programadores de aquellas innovadoras máquinas: un torno y una fresadora.

Empezamos a prepararnos en Manresa y, tras adquirir los conocimientos iniciales, nos enviaron dos semanas a París para completar la instrucción como programadores en la sede del propio fabricante, la firma H. Ernault-Somua.

Aquel fue mi primer viaje al extranjero y el estreno de mi pasaporte. En aquella época, el pasaporte era un documento de gran trascendencia que las autoridades te podían requisar a la primera de cambio por cualquier motivo, especialmente por razones políticas o sindicales.

Yo había leído mucho sobre París y guardaba especial interés por los sucesos de Mayo del 68, de modo que deseaba conocer el Barrio Latino y escuchar de primera mano la versión de quienes hubieran participado en aquellos acontecimientos. Curiosamente, el joven ingeniero que ejerció como nuestro profesor en el curso había estado presente en muchas de aquellas manifestaciones. Nos contó cómo se desarrolló todo y cómo terminó aquello, a su juicio, con la traición de ciertas fuerzas políticas que llamaron a la desmovilización cuando la dinámica iba a favor de una auténtica revolución.

En España existía en esos momentos una fuerte represión contra el sindicalismo obrero, por lo que me sorprendió muy gratamente la libertad sindical que se respiraba en aquella empresa francesa. Un día se convocó una huelga que transcurrió de forma completamente pacífica y sin coacciones. Por la tarde asistimos a una manifestación de trabajadores y me impresionó la inmensa cantidad de banderas rojas que ondeaban. En la España de entonces, antes de la llegada de la democracia, una imagen así resultaba impensable.

De igual modo, era inimaginable comprar periódicos de ideología comunista en los quioscos españoles; allí, en cambio, era cotidiano encontrar publicaciones como L'Humanité, órgano de prensa del Partido Comunista Francés, distribuido con total normalidad.

Otro aspecto que me impactó fue el cine erótico y los espectáculos de striptease, visibles con naturalidad en la ciudad mientras en España reinaba una censura absoluta sobre esos temas.

En el plano estrictamente profesional, aquel viaje me sirvió para constatar la gran revolución tecnológica que se avecinaba. Comprobé con asombro la enorme eficacia de las máquinas herramientas cuando funcionaban siguiendo de forma precisa las órdenes introducidas previamente en un ordenador.

Hasta aquí los recuerdos de aquel primer viaje. En los años posteriores volví a París en tres ocasiones más, pero no había regresado desde 1976. En los próximos aportes iré compartiendo las impresiones y sensaciones de esta nueva visita.

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