Microsoft Office
Compré mi primer ordenador doméstico hacia 1995, cuando ya había cumplido los cincuenta años. Como profesor de instituto no lo necesitaba para mi trabajo, pero quise tenerlo en casa como apoyo y herramienta de aprendizaje para mis hijos, que entonces eran estudiantes. Intuía que el dominio de la informática sería fundamental para su futuro profesional. Lo que no imaginaba era que también iba a ser importante para mí. Desde que tuve internet en casa, hacia 1999, y hasta hoy (2026), he sido un internauta activo. He escrito sobre muchos temas y esa actividad me ha dado grandes satisfacciones y también alguna que otra frustración.
Por eso quiero dedicar estas páginas a Microsoft Office, el conjunto de programas con el que di mis primeros pasos en la informática de usuario y que durante décadas ha sido una herramienta de trabajo casi universal.
Un poco de historia
Microsoft presentó Office en 1989, en principio para los ordenadores Apple Macintosh. Poco después, en 1990, llegó la versión para Windows. Aquella primera edición reunía tres aplicaciones que, con el tiempo, se harían imprescindibles:
Microsoft Word, el procesador de textos, que sustituyó a la máquina de escribir en oficinas, colegios y hogares.
Microsoft Excel, la hoja de cálculo, que facilitó la contabilidad, las estadísticas y los cálculos.
Microsoft PowerPoint, para elaborar presentaciones con diapositivas.
Existía además una versión profesional (“Pro”) que incluía Microsoft Access, un programa para gestionar bases de datos.
De programas sueltos a un conjunto integrado
La gran novedad de Office fue la integración. Las aplicaciones habían nacido por separado, pero con los años fueron compartiendo herramientas y un aspecto cada vez más parecido. Un ejemplo es el corrector ortográfico común: un mismo diccionario servía para revisar un texto en Word, una tabla en Excel o una diapositiva en PowerPoint. También se hizo posible copiar una tabla de Excel dentro de un documento de Word, o un gráfico dentro de una presentación, algo que hoy damos por supuesto y que entonces suponía un ahorro enorme de tiempo.
Por qué fue tan importante
Office se convirtió en el estándar en empresas, administraciones, centros educativos y hogares. Que casi todo el mundo usara los mismos programas y formatos facilitó intercambiar documentos y trabajar de manera uniforme. Para quienes nos acercábamos por primera vez a la informática, ofrecía además algo valioso: aprender un programa ayudaba a manejar los demás.
Formación acelerada
Recuerdo bien cómo, a medida que los ordenadores se fueron extendiendo, empezaron a aparecer por toda España academias que enseñaban a manejarlos. Acudían muchos jóvenes que querían abrirse camino en un mundo laboral que cambiaba deprisa. También las empresas enviaban a sus administrativos a esas academias, porque iban incorporando equipos nuevos y su personal tenía que aprender a usarlos. En paralelo, los centros de enseñanza secundaria empezaron a montar sus aulas de informática, y los estudiantes se familiarizaron desde jóvenes con Microsoft Office, que se convirtió en el programa de referencia.
En mi caso, la formación fue autodidacta. Fui aprendiendo con la práctica, a base de ensayo y error, y utilicé sobre todo el procesador de textos, que era lo que más necesitaba para escribir. Con los años me pasé a Open Office, una suite ofimática gratuita que ofrece un procesador de textos, una hoja de cálculo y un programa de presentaciones muy parecidos a los de Microsoft. Esa semejanza hizo que el cambio me resultara sencillo, porque lo aprendido con unos programas me servía con los otros.






