domingo, 11 de octubre de 2026

Microsoft Office

 

Microsoft Office

Compré mi primer ordenador doméstico hacia 1995, cuando ya había cumplido los cincuenta años. Como profesor de instituto no lo necesitaba para mi trabajo, pero quise tenerlo en casa como apoyo y herramienta de aprendizaje para mis hijos, que entonces eran estudiantes. Intuía que el dominio de la informática sería fundamental para su futuro profesional. Lo que no imaginaba era que también iba a ser importante para mí. Desde que tuve internet en casa, hacia 1999, y hasta hoy (2026), he sido un internauta activo. He escrito sobre muchos temas y esa actividad me ha dado grandes satisfacciones y también alguna que otra frustración.

Por eso quiero dedicar estas páginas a Microsoft Office, el conjunto de programas con el que di mis primeros pasos en la informática de usuario y que durante décadas ha sido una herramienta de trabajo casi universal.

Un poco de historia

Microsoft presentó Office en 1989, en principio para los ordenadores Apple Macintosh. Poco después, en 1990, llegó la versión para Windows. Aquella primera edición reunía tres aplicaciones que, con el tiempo, se harían imprescindibles:

  • Microsoft Word, el procesador de textos, que sustituyó a la máquina de escribir en oficinas, colegios y hogares.

  • Microsoft Excel, la hoja de cálculo, que facilitó la contabilidad, las estadísticas y los cálculos.

  • Microsoft PowerPoint, para elaborar presentaciones con diapositivas.

Existía además una versión profesional (“Pro”) que incluía Microsoft Access, un programa para gestionar bases de datos.

De programas sueltos a un conjunto integrado

La gran novedad de Office fue la integración. Las aplicaciones habían nacido por separado, pero con los años fueron compartiendo herramientas y un aspecto cada vez más parecido. Un ejemplo es el corrector ortográfico común: un mismo diccionario servía para revisar un texto en Word, una tabla en Excel o una diapositiva en PowerPoint. También se hizo posible copiar una tabla de Excel dentro de un documento de Word, o un gráfico dentro de una presentación, algo que hoy damos por supuesto y que entonces suponía un ahorro enorme de tiempo.

Por qué fue tan importante

Office se convirtió en el estándar en empresas, administraciones, centros educativos y hogares. Que casi todo el mundo usara los mismos programas y formatos facilitó intercambiar documentos y trabajar de manera uniforme. Para quienes nos acercábamos por primera vez a la informática, ofrecía además algo valioso: aprender un programa ayudaba a manejar los demás.

Formación acelerada

Recuerdo bien cómo, a medida que los ordenadores se fueron extendiendo, empezaron a aparecer por toda España academias que enseñaban a manejarlos. Acudían muchos jóvenes que querían abrirse camino en un mundo laboral que cambiaba deprisa. También las empresas enviaban a sus administrativos a esas academias, porque iban incorporando equipos nuevos y su personal tenía que aprender a usarlos. En paralelo, los centros de enseñanza secundaria empezaron a montar sus aulas de informática, y los estudiantes se familiarizaron desde jóvenes con Microsoft Office, que se convirtió en el programa de referencia.

En mi caso, la formación fue autodidacta. Fui aprendiendo con la práctica, a base de ensayo y error, y utilicé sobre todo el procesador de textos, que era lo que más necesitaba para escribir. Con los años me pasé a Open Office, una suite ofimática gratuita que ofrece un procesador de textos, una hoja de cálculo y un programa de presentaciones muy parecidos a los de Microsoft. Esa semejanza hizo que el cambio me resultara sencillo, porque lo aprendido con unos programas me servía con los otros.

sábado, 10 de octubre de 2026

Spam y Spammer

Spam y spammer

Con la expansión del correo electrónico en nuestra vida personal y profesional, nuestras bandejas de entrada empezaron a llenarse de mensajes que nadie había pedido, y a veces llegaban de forma insistente y repetida. A esos correos no deseados se les empezó a llamar spam.

Origen del término. La palabra procede de SPAM, una marca estadounidense de carne enlatada (de spiced ham) que ganó fama en la posguerra. En 1970, un sketch del grupo cómico británico Monty Python, ambientado en un restaurante donde casi todos los platos llevaban SPAM y la palabra se repetía hasta el hartazgo, dio nombre a todo aquello que se repite sin parar y no se puede evitar. De ahí pasó a la jerga de los primeros foros y sistemas en línea, y más tarde al correo electrónico.

Los primeros casos. El antecedente más citado es el mensaje que un empleado de una empresa informática envió en 1978 a cientos de usuarios de ARPANET para anunciar un producto. El caso que popularizó el término fue el de 1994, cuando un despacho de abogados estadounidense inundó miles de grupos de discusión de Usenet con publicidad sobre un sorteo de tarjetas de residencia. A partir de entonces, y con la apertura comercial de Internet en los años noventa, el fenómeno fue creciendo hasta convertirse en un problema global.

Por qué se multiplicó. Enviar un correo cuesta prácticamente lo mismo que enviar un millón. Con listas de direcciones recopiladas de páginas web, foros y cadenas de reenvío, y más tarde con redes de ordenadores infectados (botnets) que enviaban mensajes sin que sus dueños lo supieran, el envío masivo resultaba muy barato. Aunque solo una pequeña parte de los destinatarios respondiera, al spammer le seguía saliendo a cuenta.

Qué contenía. Además de publicidad inocente, el spam incluía ofertas de medicamentos, falsos premios y estafas. Entre estas últimas están el phishing, que suplanta a bancos y empresas para robar claves, y las llamadas “cartas nigerianas”, que prometían fortunas a cambio de un adelanto.

La respuesta. Muchos internautas, entre los que me incluyo, empezamos a configurar filtros en el correo para rechazar o apartar lo que no procediera de remitentes de confianza. Los proveedores reaccionaron con filtros automáticos, listas negras de servidores abusivos y sistemas de verificación del remitente. Con el tiempo se desarrollaron también leyes específicas. En España, por ejemplo, la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI, 2002) regula las comunicaciones comerciales no solicitadas.

Mi correo en 2026

Hoy mi cuenta de Gmail organiza los mensajes en varias pestañas:

  • Principal: los mensajes que probablemente me interesan.

  • Promociones: correos comerciales de empresas de confianza, como El Corte Inglés, Mapfre o Netflix.

  • Notificaciones: avisos, sobre todo de los bancos con los que opero, BBVA e ING.

  • Spam: lo que Gmail considera correo no deseado. Reviso esta carpeta de vez en cuando, porque a veces un mensaje legítimo acaba allí por error.

Spammer

Spammer es quien envía spam de forma masiva y abusiva. Gmail utiliza este término cuando nos permite denunciar o silenciar a un remitente, algo especialmente útil con los servicios gratuitos, que son los que más se prestan a ese uso abusivo. Afortunadamente en los más de 25 años que vengo actuando con internauta activo nunca he sufrido alguna estafa o problema con el spam, porque cuando me entra algún mensaje sospechoso, inmediatamente lo elimino, o le doy de baja para que no me envíen más mensajes.


viernes, 9 de octubre de 2026

El arte de comunicar

 


El arte de comunicar

Publicado originalmente en el blog Utopía siglo XXI (2006). Revisado y ampliado para estas memorias.

Cuando escribí este texto, en 2006, los blogs eran todavía una novedad. Internet acababa de darnos algo que nunca habíamos tenido: la posibilidad de que cualquier persona, sin ser periodista ni escritor, pudiera dirigirse a un público de cualquier lugar del mundo. Yo estaba descubriendo esa libertad con entusiasmo, y fue entonces cuando, leyendo unas reflexiones de Margie Igoa, directora de la revista Psychologies, aprendí una palabra que no había utilizado nunca y que ha acompañado mi manera de entender la vida desde entonces: empatía. He guardado este artículo con cariño precisamente por eso. Lo recupero ahora, revisado, porque creo que su mensaje es hoy más necesario que entonces.

Un puente entre las personas

Con la aparición de Internet, y después de los blogs, muchos nos hemos convertido en comunicadores sin haberlo planeado. Pero comunicar bien es un arte que se aprende, y no siempre se nos ha enseñado a hacerlo.

La psicóloga Margie Igoa señalaba que la mayor dificultad viene de nuestra formación. En los colegios, en los institutos e incluso en la universidad se prima el conocimiento técnico y académico, pero apenas se cultivan las habilidades que facilitan la comunicación y la relación entre seres humanos, a pesar de que buena parte de nuestra vida se desarrolla a través de ellas. Saber tender un puente entre una persona y sus semejantes abre el camino hacia la realización personal.

Los vicios que nos separan

A esa carencia de formación se suman los malos hábitos que casi todos arrastramos: los desencuentros, las conversaciones que se quedan a medias, los temas incómodos que nunca se afrontan, las personas que hablan más de lo que escuchan, o quienes no saben administrar los noes, ni darlos ni recibirlos.

Y a ellos se añaden las dificultades propias de nuestro tiempo. Alegamos falta de tiempo para comunicarnos. Tendemos a atrincherarnos en nuestras posiciones de partida, ya sean costumbres, ideas o principios morales, religiosos o políticos. Sentimos miedo e inseguridad ante un mundo que cambia con rapidez y que, en lugar de acercarnos, a menudo nos repliega y nos aísla.

La curiosidad y la empatía

El experto en comunicación Kevin Hogan sostiene que el buen comunicador es una persona que cultiva la curiosidad y se interesa por lo que los demás piensan y sienten, incluso cuando no existe afinidad con ellos. Eso es, precisamente, lo que llamamos empatía: la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de comprender su manera de ver el mundo y de reconocer sus emociones, sin que ello suponga renunciar a las nuestras ni compartir necesariamente sus opiniones.

La empatía es una de las claves de la conexión humana. Nos permite acercarnos, y por fin entendernos a pesar de las diferencias. También nos enseña lo que ninguna técnica puede enseñar del todo: cuándo hay que hablar y cuándo escuchar, qué conviene decir y qué es mejor callar, y cuál es el verdadero valor de un gesto, una mirada, un silencio o una palabra.

La empatía en las relaciones humanas

Con los años he comprobado que la empatía no es un adorno de la buena educación, sino el fundamento de toda relación sana. En la familia, es lo que permite que padres e hijos, o abuelos y nietos, se entiendan a pesar de pertenecer a mundos distintos. En la amistad, es lo que convierte la compañía en confianza. En la convivencia ciudadana, es lo que hace posible discrepar sin romper, y en el debate político, algo que echamos de menos con frecuencia.

Empatizar no es dar la razón. Es escuchar con la intención de comprender y no solo de responder. Quien escucha de verdad desactiva muchos conflictos antes de que nazcan, porque la persona que se siente comprendida baja la guardia y se abre al diálogo.

La empatía en la era digital

Internet nos ha dado una capacidad de comunicación extraordinaria, pero también nos ha traído riesgos que en 2006 apenas se intuían. La pantalla elimina la mirada, el tono de voz, el gesto y el silencio, justo los elementos que Kevin Hogan consideraba tan valiosos. Escribimos deprisa, leemos deprisa y respondemos con la certeza de que la otra persona no está delante. Así se multiplican los malentendidos, los insultos y las polémicas estériles, y las redes sociales a veces dan más voz a quienes gritan que a quienes escuchan.

Por eso creo que la empatía es hoy la mayor habilidad del buen internauta. Antes de responder, conviene recordar que detrás de cada mensaje hay una persona con su historia, sus miedos y sus razones. Un foro, un blog o una red social valen tanto como la calidad humana de quienes participan en ellos.

Una lección que permanece

Han pasado muchos años desde que descubrí aquella palabra. He conocido las listas de correo, los foros, los cibercafés, los blogs y las redes sociales, y en todos ellos he visto lo mismo: la tecnología cambia, pero el arte de comunicar sigue dependiendo de algo muy antiguo, la voluntad de entender al otro. Si Internet ha de ser de verdad un puente entre las personas, la empatía será el material con el que se construya.

Mensajes de Google y Messenger

 

Mensajes de Google y Messenger: La inmediatez en el bolsillo

Aunque el canal fundamental de comunicación con mis contactos sigue siendo el correo electrónico —a través de mis cuentas en Gmail y Hotmail—, el teléfono móvil ha introducido un dinamismo distinto en mi día a día. En la pantalla principal de mi smartphone mantengo accesos directos a Mensajes de Google y a Messenger.

Aunque no son las vías que utilizo con más frecuencia para redactar mensajes extensos, se han vuelto indispensables para recibir notificaciones breves pero de gran relevancia: avisos y recordatorios de citas médicas, confirmaciones de envíos y recepción de pedidos online, o claves de verificación bancaria. Estos «avisadores» o sistemas de mensajería instantánea complementan perfectamente al correo electrónico, aportando la inmediatez necesaria para la gestión cotidiana de la vida digital.

Aporte histórico y técnico: De los mensajes SMS al protocolo RCS (Mensajes de Google)

  • Origen e Historia: El servicio de mensajería del teléfono móvil nació con los SMS (Short Message Service) a principios de la década de 1990. Diseñados inicialmente para enviar textos de máximo 160 caracteres a través de la red celular tradicional, los SMS fueron durante casi dos décadas el pilar fundamental de la comunicación móvil. Con el paso del tiempo y la llegada de los smartphones, Google integró esta función en su aplicación nativa Mensajes de Google.

  • Evolución Técnica (RCS): En los últimos años, la aplicación de Google ha dado el salto del SMS al protocolo RCS (Rich Communication Services). Técnicamente, el RCS ya no utiliza la red telefónica convencional, sino la conexión a Internet (Wi-Fi o datos móviles), lo que permite saber si el destinatario ha leído el mensaje, enviar imágenes de alta calidad o confirmar la recepción en tiempo real, aproximándose al funcionamiento de aplicaciones como WhatsApp.

  • El uso actual como «Avisador»: Hoy en día, las empresas y organismos públicos emplean estos canales mediante sistemas A2P (Application-to-Person). Un servidor automatizado genera y envía notificaciones instantáneas (citas, códigos de seguridad, alertas de mensajería) directamente al teléfono del usuario sin intervención humana manual.

Facebook Messenger: La transición de la web a la aplicación independiente

  • Origen e Historia: Lanzado originalmente en 2008 bajo el nombre de Facebook Chat, nació como una pequeña ventana de conversación dentro de la propia página web de la red social. En 2011, tras el auge de los dispositivos móviles, Meta (entonces Facebook) decidió convertirlo en una aplicación independiente llamada Messenger, desligando el chat privado del muro de publicaciones.

  • Aspectos Técnicos: Messenger utiliza protocolos de red basados en arquitectura de cliente-servidor (como MQTT y protocolos propietarios derivados de XMPP/Jabber), diseñados para optimizar el consumo de batería y datos en dispositivos móviles. Esto garantiza que las notificaciones lleguen de manera casi instantánea (push notifications) cuando alguien nos envía un mensaje o cuando una página de servicios nos remite una actualización automatizada.

Los Chats

 

Los Chats

Los chats en Internet son plataformas y servicios que permiten conversar en tiempo real con otras personas mediante mensajes de texto, audio o vídeo.

En los primeros años del siglo XXI, este fenómeno tuvo un impacto notable en nuestra familia. Mi hijo pequeño participaba activamente en salas de chat con jóvenes de distintas partes del mundo, llegando incluso a entablar amistades tan sólidas que varios de esos interlocutores terminaron visitándonos e integrándose de manera personal en nuestra vida en Sevilla.

Por mi parte, aunque llegué a probar la experiencia de entrar en un chat, pronto descubrí que no era un formato que fuera conmigo. Prefería la pausada reflexión que me ofrecía administrar la lista de distribución Aprendiendo y, más adelante, la gestión de mi propio blog, Utopía Siglo XXI.

Aquellas pioneras salas de chat de texto terminaron derivando, con el paso de los años, en las potentes y complejas redes sociales de la actualidad, hoy objeto de profundos debates y controversias a nivel mundial.

Breve contexto histórico sobre los orígenes del Chat (Años 70 y 80):

El concepto de chatear nació mucho antes de que internet llegara a los hogares. En 1973, en la Universidad de Illinois, se creó PLATO Notes / Talkomatic, uno de los primeros sistemas multiusuario donde varias personas podían teclear y leerse simultáneamente en pantalla. En sistemas operativos como UNIX, comandos como talk o write permitían la comunicación directa entre usuarios conectados a la misma red.

La revolución de IRC (Internet Relay Chat).1988:

Creado por el finlandés Jarkko Oikarinen, el IRC fue el verdadero padre del chat moderno. Permitía organizar conversaciones por "canales" o salas temáticas (identificadas con el símbolo #) y mensajería privada.

Durante la Guerra del Golfo (1991) o el intento de golpe de Estado en la Unión Soviética, el IRC se convirtió en un medio fundamental para transmitir noticias en tiempo real cuando los medios tradicionales estaban bloqueados.

La eclosión popular a finales de los 90 y principios de los 2000:

Con la llegada de la web comercial aparecieron las salas de chat basadas en web (como los populares chats de Terra, Ya.com o IRC-Hispano en el ámbito hispanohablante).

Paralelamente surgieron los programas de mensajería instantánea como ICQ (1996), MSN Messenger (1999) y Yahoo! Messenger. Estos programas permitían añadir "contactos", ver quién estaba conectado y conversar en tiempo privado, convirtiéndose en el canal de comunicación diario por excelencia para la juventud de principios del siglo XXI.

jueves, 8 de octubre de 2026

Internet Explorer



Internet Explorer

En 1999 adquirí un nuevo ordenador que venía equipado con el famoso sistema operativo Windows 95 y el navegador Internet Explorer. Para mí, como para millones de personas en todo el mundo, esa combinación fue la ventana de entrada a un universo completamente nuevo: la World Wide Web. Esta es una pequeña historia de este famoso navegador-
¿Qué era exactamente Internet Explorer?

Internet Explorer (IE) no era el ordenador ni la línea de conexión, sino el navegador web (web browser): la aplicación o programa encargada de interpretar el código de las páginas de Internet (HTML) y transformarlo en los textos, imágenes y enlaces que veías en la pantalla. Fue el puente gráfico que permitió navegar por la red sin necesidad de conocer comandos complejos.

Su historia y evolución

  • El nacimiento (1995): Microsoft lanzó Internet Explorer en agosto de 1995, basado en licencias de un navegador pionero llamado Spyglass Mosaic. Se integró directamente en el ecosistema de Windows 95 a través del paquete Windows 95 Plus! y versiones posteriores.

  • La «Guerra de los Navegadores»: A finales de los años noventa, el gran dominador de la red era Netscape Navigator. Microsoft decidió incluir Internet Explorer de forma gratuita dentro de Windows, lo que provocó una intensa batalla comercial y legal (incluyendo juicios antimonopolio).

  • El dominio absoluto (2001–2004): Tras ganar la batalla a Netscape, Internet Explorer (especialmente con su versión 6 en Windows XP) llegó a cuatrimestrar el mercado, alcanzando más del 95% de cuota de uso mundial.

  • El declive: La falta de innovación durante varios años, sumada a problemas de seguridad y al no cumplir de forma estricta los estándares web universales, provocó que surgieran alternativas más rápidas y seguras, como Mozilla Firefox (2004) y, sobre todo, Google Chrome (2008).

¿Por quién ha sido sustituido?

Microsoft retiró oficialmente Internet Explorer el 15 de junio de 2022, tras casi 27 años de servicio. Su sustituto oficial es Microsoft Edge, un navegador completamente moderno lanzado en 2015 y rediseñado posteriormente sobre la misma tecnología base que utiliza Google Chrome (Chromium).



Pendrive USB

 

El popular pendrive o memoria USB

En esta recopilación de mis recuerdos como internauta no podía faltar un espacio dedicado al popular pendrive. Durante años, este dispositivo fue indispensable por la gran cantidad de información que permitía almacenar y por lo sencillo que resultaba transportar datos de un ordenador a otro. Más allá de su historia y de sus características técnicas, me parece interesante reflejar aquí mi propia experiencia personal con él.

Tardé algún tiempo en empezar a utilizar la memoria USB en mis actividades cotidianas. Sin embargo, en mi época como docente en el instituto, empecé a fijarme en que casi todos los alumnos llevaban uno encima. Al entrar en el aula de informática, lo conectaban en el equipo que les tocara ocupar y de inmediato tenían acceso a sus archivos y trabajos particulares. Por aquellas fechas, mis hijos, que ya eran mayores, también los utilizaban con bastante frecuencia.

Un día, la impresora doméstica que utilizaba en casa se averió. Cuando me disponía a comprar otra, uno de mis hijos me dio un buen consejo: me sugirió que no gastase más dinero en impresoras y que, cuando necesitase imprimir algo, simplemente guardase el archivo en un pendrive. Me recomendó ir a una copistería cercana que contaba con varios ordenadores y fotocopiadoras conectadas, donde por un precio muy económico podían imprimirme y encuadernar cualquier documento.

Siguiendo su consejo, acudí a la tienda y me sorprendió comprobar la cantidad de gente —tanto jóvenes estudiantes como personas mayores— que acudía con sus respectivos pendrives para imprimir apuntes o documentos. Adopté este sistema durante un tiempo con total normalidad.

Sin embargo, la tecnología volvió a dar un salto. Un buen día, en esa misma copistería, me comentaron que resultaba mucho más práctico y ágil enviarles los archivos previamente por correo electrónico o por WhatsApp. Así fue como dejé atrás el cable y la memoria física. Hoy día, en pleno 2026, prácticamente todos los clientes de la tienda enviamos nuestros documentos por estos medios digitales, confirmando cómo el pendrive, que en su momento nos pareció insustituible, ha ido cediendo el paso a la inmediatez de la red.